
En un acto de desesperación y a punto de perder la respiración, era común verla buscar un teléfono en plena soledad de la calle, en una noche lluviosa. Era muy común en ella bajar corriendo de los buses al distinguir al ser querido entre la multitud de la gente. Era común en ella, llamarlo para animarle el día, buscarlo cuando lo sentía caer. Era común en ella contar los segundos para salir del ensayo a fin de llegar al paradero a la hora pactada. Era común en ella rechazar las fiestas con los amigos para pasar cinco minutos con él.
Era común en él timbrarla cada dos minutos del día. Era común en él contarle grandes historias mientras caminaban juntos en dirección a sus casas. Era común en él robarle un beso cada vez que ella distraía la mirada. Era común en él abrazarla cuando sentía frío, pero sobre todo cuando no soportaba el peso de las lágrimas en sus ojos. Era común en él llevarle caramelos cada vez que la vería. Era común en él soñar con ella en las noches y buscarla al amanecer. Era común en él decirle lo hermosa que era ella, su doncella. Era común en él besarla delicadamente como quien coge a una rosa. Era común en él decirle “preciosa”siempre.
Pero entonces vino la distancia, y fue común verlos separados. Las cortas caminatas se hacían interminables, las historias se escapaban de la mente, las timbradas se minimizaron, los mil “te quiero” restaron a unos cuantos, las ganas de verse se fue desmenuzando hasta llegar al día en que decidieron dejarlo todo ahí. Allí, en medio de la nada. Fue común entonces estar solos otra vez.
Era común en él timbrarla cada dos minutos del día. Era común en él contarle grandes historias mientras caminaban juntos en dirección a sus casas. Era común en él robarle un beso cada vez que ella distraía la mirada. Era común en él abrazarla cuando sentía frío, pero sobre todo cuando no soportaba el peso de las lágrimas en sus ojos. Era común en él llevarle caramelos cada vez que la vería. Era común en él soñar con ella en las noches y buscarla al amanecer. Era común en él decirle lo hermosa que era ella, su doncella. Era común en él besarla delicadamente como quien coge a una rosa. Era común en él decirle “preciosa”siempre.
Pero entonces vino la distancia, y fue común verlos separados. Las cortas caminatas se hacían interminables, las historias se escapaban de la mente, las timbradas se minimizaron, los mil “te quiero” restaron a unos cuantos, las ganas de verse se fue desmenuzando hasta llegar al día en que decidieron dejarlo todo ahí. Allí, en medio de la nada. Fue común entonces estar solos otra vez.
Una historia común relatada de manera diferente ;)
ResponderEliminarjagoda